Periferia

23 de Marzo de 2024

Estudian cómo reducir el desperdicio de alimentos en el cordón frutihortícola de La Plata

Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata busca conocer los puntos de mayor desperdicio de hortalizas en la cadena productiva para tratar de evitar las pérdidas.

Un trabajo del Centro de Investigaciones Geográficas perteneciente al Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), busca determinar cuáles son las causas del desperdicio de alimentos en el cinturón hortícola platense (CHP).

Analizando los distintos momentos del proceso productivo, desde las quintas donde se producen las verduras hasta los hogares, los científicos buscan conocer cuándo se producen mayores desperdicios con el objetivo de elaborar estrategias de prevención.

Cabe aclarar que se considera desperdicio a la disminución en cantidad o calidad de los alimentos durante la distribución minorista y el consumo. En 2011 se estimaba que se desperdiciaba cerca de un tercio de la producción mundial de alimentos. Actualmente, esas pérdidas se ubican en el 14% en términos de valor económico y 17% en términos de toneladas. El Argentina, se desperdicia anualmente el 12,5% de la producción agroalimentaria total, lo que representa 16 millones de toneladas de alimentos.

“Por grupo de alimento, acompañando la tendencia mundial, las hortalizas integran aquel que más pérdidas y desperdicios sufren, llegando casi a la mitad de su producción total. Mientras algunos estudios indican que la mayor parte se pierde, otros señalan que las mayores disminuciones ocurrirían durante la venta minorista, en verdulerías y negocios de barrio”, explicó la licenciada Rocío Ennis, autora de la investigación.

Cultivos periurbanos

Las hortalizas suelen ser cultivadas en los perímetros de las ciudades y, en ese punto, el Cinturón Hortícola Platense resalta a nivel nacional porque abastece a 14 millones de personas. A su vez, el partido de La Plata reúne en la actualidad a casi la mitad de las explotaciones del Cinturón bonaerense, con una producción anual promedio de 142.000 toneladas, y más de 5.000 productores. Los cultivos principales son el tomate, el morrón y la berenjena, como hortalizas de fruto; y la lechuga, la acelga y la espinaca como hortalizas de hoja.

Sin embargo, el CHP no es homogéneo: conviven grandes productores empresariales con otros que tienen dificultades para su reproducción, en simultáneo con modos de producción alternativos, como la horticultura orgánica o la agroecológica.

“Nuestro objetivo fue identificar las características de las pérdidas de hortalizas en las quintas en función de los canales de comercialización empleados por los productores. Los resultados indicaron que las contingencias climáticas, mecánicas, de infraestructura y de mercado son muchas veces imprevisibles e inmanejables, y las hortalizas son productos vivos, delicados y altamente perecederos”, detalló Ennis.

Cinturón Hortícola

Además, la investigadora de la UNLP detalló: “Pero más allá de que el contexto espacio-temporal pueda enfrentar a los productores convencionales, orgánicos y agroecológicos del Cinturón Hortícola platense a desafíos compartidos, pudimos comprobar que las especificidades de cada circuito comercial absorben o expulsan alimentos de forma singular, convirtiéndolos en pérdidas. Por ejemplo, los supermercados rechazan los productos que no se ajustan a las exigencias de sus fichas técnicas. El canal convencional, con los mercados concentradores, suele saturarse y la caída de los precios es tal que al productor ni siquiera le es rentable cosechar las verduras”.

Entre los resultados de la investigación se concluyó que incertidumbre de mercado, las exigencias del canal, los estándares de calidad, la acotada posibilidad de acceso a distintos canales de comercialización, la dependencia de terceros o la falta de experiencia, son motivos de pérdida que pesan más o menos según el modelo productivo.

Reducción de pérdidas

Las prácticas que podrían colaborar a la reducción de las pérdidas en quintas pueden ser la diversificación de los canales de venta y la redistribución hacia otros consumidores. A su vez, los productores agroecológicos agrupados pueden tener mayor certeza de sus ventas gracias al trabajo colectivo, incluyendo el acuerdo de precios y su mantenimiento por varios meses. Más profundamente, un cambio en la concepción de los alimentos podrá disminuir sus pérdidas. Desde la producción agroecológica se discuten los estándares de calidad, que ya no dependen de una cuestión cosmética, sino que es asociada a la producción ecológicamente limpia y socialmente justa.

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