Durante décadas, México ha invertido recursos públicos en formar investigadores, científicos y especialistas que, una vez concluidos sus estudios, terminan desarrollando su carrera fuera del país. La llamada “fuga de cerebros” no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que se ha vuelto más visible ante la falta de plazas académicas, financiamiento y oportunidades laborales estables para perfiles altamente especializados.
Ahora, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum quiere probar una estrategia distinta. En lugar de apostar únicamente por el regreso permanente de científicos mexicanos radicados en el extranjero, busca mantenerlos conectados con universidades y centros de investigación nacionales, incluso si continúan viviendo fuera del país.
La propuesta fue adelantada por la mandataria durante su conferencia matutina, donde explicó, de acuerdo con La Jornada, que el objetivo es mantener un vínculo permanente con la diáspora científica mexicana, de modo que especialistas puedan impartir clases, dirigir tesis y colaborar en proyectos académicos sin necesidad de regresar definitivamente al país.
El plan de Sheinbaum para científicos mexicanos que viven fuera del país
De acuerdo con la presidenta, el programa busca incorporar a investigadoras e investigadores mexicanos residentes en el extranjero a la vida académica nacional sin exigirles un retorno definitivo. La idea es que puedan participar mediante clases virtuales, asesorías, dirección de tesis o visitas periódicas a instituciones mexicanas.
El enfoque representa un cambio frente a antiguos esquemas de “repatriación de cerebros”, que ofrecían incentivos económicos y plazas de investigación para que el talento regrese físicamente al país. En este caso, el gobierno parece apostar por una lógica más flexible, cercana a modelos de colaboración científica transnacional que otros países ya han utilizado para fortalecer redes de conocimiento sin depender exclusivamente del retorno físico de investigadores.
Según Sheinbaum, el programa requerirá pocos recursos públicos porque gran parte de la colaboración podría realizarse de forma remota. Además, señaló que el presupuesto de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), encabezada por Rosaura Ruiz, aumentó en 7,000 millones de pesos este año para impulsar distintos proyectos científicos y tecnológicos.
La mandataria también adelantó que el gobierno desarrolla distintos proyectos de innovación tecnológica, entre ellos iniciativas de producción de drones y una asociación con una empresa privada para desarrollar un satélite mexicano capaz de obtener imágenes del territorio nacional.
El problema no es solo que se vayan: muchos científicos tampoco encuentran trabajo en México
El anuncio ocurre en medio de una crisis laboral dentro del ecosistema científico mexicano. De acuerdo con cifras retomadas por Expansión, apenas uno de cada cuatro posdoctorantes logra acceder a un empleo estable, mientras miles enfrentan contratos temporales, falta de plazas y salarios insuficientes. En 2024, alrededor de 12,500 personas con estudios de doctorado estuvieron sujetas a migrar, según estimaciones del entonces Conacyt.
Mientras México forma más especialistas, el sistema académico no logra absorberlos. Investigadores agrupados en colectivos como el Colectivo de Investigadores por la Justicia Académica y Laboral han advertido que el problema ya no solo es emigrar, sino sobrevivir profesionalmente dentro del país ante la reducción de vacantes y presupuestos.
El talento mexicano sigue brillando fuera, mientras la ciencia enfrenta retos internos
El nuevo programa podría ayudar a fortalecer redes internacionales de conocimiento y acercar a estudiantes mexicanos a especialistas que hoy trabajan en universidades o laboratorios extranjeros. Sin embargo, especialistas han insistido en que el problema de fondo va más allá de mantener contacto con la diáspora.
En economías emergentes como México, la fuga de cerebros no solo implica que profesionistas altamente especializados desarrollen su carrera en otro país. También representa una pérdida de inversión pública, porque el Estado financia parte importante de su formación académica sin beneficiarse plenamente de su conocimiento dentro del mercado nacional.