Especialistas del CONICET en el Instituto de Medicina Traslacional e Ingeniería Biomédica (IMTIB, CONICET – Hospital Italiano de Buenos Aires – Universidad del Hospital Italiano de Buenos Aires) y de otras instituciones proponen una estrategia molecular que no solo mejora la capacidad para detectar la infección, sino que también permite conocer qué especie de Leishmania está involucrada. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica Microbiology Spectrum.
Las leishmaniasis son un conjunto de enfermedades parasitarias causadas por diferentes especies del género Leishmania, pertenecientes al orden Kinetoplastida y a la familia Trypanosomatidae que se transmiten mediante la picadura de flebótomos (insectos, conocidos popularmente como “jejenes”) infectados.
La leishmaniasis y los casos a nivel mundial
Constituyen un importante problema de salud pública a nivel mundial y se encuentran entre las enfermedades tropicales desatendidas más prevalentes, con más de mil millones de personas en riesgo de infección en más de 98 países endémicos, incluyendo a la Argentina. Anualmente se notifican entre 700 mil y 1 millón de casos nuevos en todo el mundo, explicaron desde el CONICET.
“Un aspecto de nuestro avance es relevante porque las distintas especies de Leishmania pueden asociarse con diferentes manifestaciones clínicas y esta información puede contribuir a orientar el seguimiento y el abordaje terapéutico”, afirma Paula Ruybal, líder del trabajo e investigadora del CONICET en el Laboratorio de Investigación Biomolecular en Enfermedades Infecciosas (LIBEI) en el IMTIB.
La leishmaniasis cutánea (LC) es la forma clínica más frecuente y se presenta típicamente como lesiones cutáneas únicas o múltiples, comenzando como máculas que evolucionan a pápulas y finalmente a úlceras, con bordes regulares y elevados. La leishmaniasis mucocutánea (LMC) afecta la membrana mucosa de las vías respiratorias superiores y/o digestivas, y suele aparecer meses o años después de la LC.

Autores del trabajo. De Derecha a izquierda: Wendy Lorena Quintero García, Paula Ruybal, Marikena Guadalupe Risso, Juan José Lauthier.
El trabajo del CONICET
Por último, la leishmaniasis visceral (LV), la forma más grave, afecta los órganos hematopoyéticos y se caracteriza por fiebre, esplenomegalia (aumento del tamaño del bazo más allá de lo normal) y hepatomegalia (aumento del tamaño del hígado por encima de sus valores normales). Puede ser potencialmente mortal si no se diagnostica y trata oportunamente. Se estima que causa entre 20 mil y 30 mil muertes cada año a nivel mundial.
El nuevo enfoque diagnóstico, que proponen los investigadores, se basa en dos técnicas de PCR (estrategia que permite amplificar un fragmento pequeño de ADN millones o miles de millones de veces en pocas horas) para la detección de la enfermedad y la caracterización del parásito que la causa.
“La primera es una PCR altamente sensible que permite detectar la presencia del ADN de Leishmania incluso cuando la cantidad de parásitos en la muestra es muy baja. Y con la segunda técnica de PCR, en las muestras positivas, amplificamos y secuenciamos un fragmento del gen hsp70, lo que permite identificar la especie responsable de la infección”, destaca Marikena Risso, primera autora del trabajo e investigadora del CONICET en el LIBEI.
El protocolo incorpora reactivos de fabricación nacional y su desarrollo y evaluación se realizó en colaboración con profesionales referentes en el diagnóstico de leishmaniasis del Hospital de Infecciosas “Francisco Javier Muñiz” y del Hospital de Clínicas “José de San Martín” (UBA), que participaron activamente del trabajo. Durante su desarrollo, el protocolo se aplicó a muestras clínicas de pacientes con sospecha de leishmaniasis y se compararon los resultados con los obtenidos mediante microscopía.
Fuente: CONICET.