El Observatorio Argentino Alemán de Geodesia (AGGO, CONICET-BKG) logró registrar la energía sísmica liberada por los terremotos ocurridos en Venezuela.
El laboratorio, ubicado en el partido de Berazategui, cuenta con una infraestructura científica de excelencia que lo ubica a la vanguardia internacional en su campo, la geodesia, disciplina que se dedica, entre otras cosas, a monitorear los cambios en la Tierra, tanto de forma y superficie como de rotación y los movimientos de sus capas tectónicas.
Dentro del equipamiento de primera línea que posee el observatorio, se destaca un sismómetro de alta precisión que el pasado 24 de junio fue capaz de registrar la llegada de la energía sísmica liberada por los dos terremotos que tuvieron lugar en Venezuela, recabando así un conjunto de datos que se configuran como un insumo científico de relevancia para el estudio de la propagación de las ondas sísmicas y el medio por el que se propagan, y que contribuye a una mejor comprensión de estos dramáticos eventos.
Un laboratorio clave para la geodesia internacional
El AGGO se encuentra en el Parque Pereyra Iraola, dentro del partido de Berazategui. Algunos de sus instrumentos, en particular el que detectó los terremotos de Venezuela, registran las ondas generadas por diversos eventos sísmicos ocurridos en distintas partes del mundo, principalmente las que provienen de la interacción entre las placas tectónicas Nazca y Sudamericana, en el oeste de nuestro país, pero también de puntos más alejados como Japón, siempre que se trate de terremotos de gran magnitud (superior a 7), cuya energía liberada sea suficiente para que las ondas sísmicas puedan propagarse a grandes distancias.
“La información que recibimos es la de la energía que se libera en estos eventos y que va propagándose, reflejándose y refractándose en las diferentes discontinuidades del interior terrestre”, cuenta Romina de los Ángeles Galván, profesional del CONICET en el AGGO y responsable del monitoreo de GURALP, o CMG-3TD, tal el nombre del elemento que permitió detectar los episodios. “En este caso, recibimos energía de dos eventos distintos que se produjeron casi en forma simultánea, separados por apenas 39 segundos: el primero ocurrió a las 22 horas, 4 minutos y 31 segundos, mientras que el segundo fue a las 22 horas, 5 minutos y 11 segundos”, puntualiza.

“En general, en una región sísmica, los esfuerzos de la zona de falla se acumulan a lo largo del tiempo y la energía es liberada en un evento principal. Luego se generan réplicas posteriores de menor magnitud. En este caso, se dio algo poco común, que es lo que los expertos denominan doblete sísmico, esto es, en la misma zona de falla se acumula energía y una vez que se supera el límite de ruptura, se genera un primer evento intenso y este cambia lo que se conoce como estado de esfuerzos de la zona de falla, favoreciendo el desencadenamiento de un segundo terremoto de magnitud similar al primero. No fue una réplica, sino que el primer sismo de alguna manera produjo el segundo”, explica la experta.
El sismómetro está ubicado dentro de un edificio especial del AGGO diseñado para protegerlo de variaciones en el movimiento y la presión del aire que puedan alterar sus mediciones, y está sostenido por un pilar macizo de varios metros de profundidad separado del resto de la estructura edilicia, para que esta tampoco provoque perturbaciones al instrumento. Registra información en torno a tres componentes, de acuerdo al movimiento del terreno: la dirección Este-Oeste, la dirección Norte-Sur, y la dirección vertical. Combinados, estos tres componentes permiten determinar dónde fue el evento y cuán profundo fue.

Un dato impactante que arroja el registro es que, si bien los eventos sísmicos ocurrieron a 5.200 kilómetros de distancia, la onda primaria, u onda P, como se denomina a la primera fase de llegada de la energía generada, tardó apenas 8 minutos y medio en ser captada en Berazategui, lo que da cuenta de la velocidad de propagación por el interior terrestre. “La energía se libera en la fuente, en el foco del terremoto, en el momento en que ocurre y luego atraviesa diferentes discontinuidades. Según su naturaleza, cada fase tiene una velocidad específica de propagación según el medio que atraviesa. Existen distintos modelos que describen cómo viajan las ondas sísmicas a través del interior de la Tierra. A partir de ellos, es posible estimar el tiempo que tardan en llegar a cada estación sismológica y, con esa información, determinar la ubicación del terremoto”, apunta Galván, doctora en Geofísica por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
“Una cosa que debemos destacar es que este equipamiento está operativo gracias al trabajo de todo el personal del AGGO, desde su vicedirector y jefe de ingenieros, hasta el personal científico y de apoyo, y estos resultados obtenidos son producto de la colaboración y esfuerzo de todos y todas”, subraya Galván.
Cabe destacar que los datos generados por el AGGO son de acceso público, y están a disposición de quien los solicite. En su página web, el observatorio ofrece un apartado de accesibilidad de datos en tiempo real, que agrupa información sismológica (sismogramas), actualizaciones de datos meteorológicos, y de georreferenciación (GPS, GNSS). “Los datos de nuestro sismómetro han sido utilizados para realizar diversos estudios del interior terrestre por el que se propagan las ondas sísmicas. Un ejemplo de ello es un reciente trabajo final de la carrera de Geofísica de la UNLP, realizado por la alumna Zoe Echavarri: ella determinó la profundidad de la discontinuidad entre la corteza y el manto superior en la región donde se encuentra emplazado el AGGO”, cierra Galván.