Un esfuerzo científico internacional de más de seis décadas permitió reconstruir con una precisión sin precedentes ese relieve escondido, dando lugar a Bedmap3, el mapa más detallado de la geografía subglacial antártica. Este trabajo, publicado en la revista Scientific Data de Nature, reunió datos obtenidos mediante aviones, satélites, barcos y relevamientos históricos, incluso aquellos realizados con trineos tirados por perros. A las versiones anteriores se sumaron 84 nuevos relevamientos aerogeofísicos aportados por 15 proveedores, que añadieron unos 52 millones de puntos de datos y 1,9 millones de kilómetros lineales de mediciones.
Bedmap3 permite observar la Antártida como si el hielo fuera transparente. Por ejemplo, corrigió la ubicación del hielo más grueso del continente: ya no se encuentra en la cuenca Astrolabe, como se creía, sino sobre un cañón aún sin nombre en Wilkes Land, donde la capa de hielo alcanza un espesor de 4.757 metros, casi cinco kilómetros entre la superficie y el lecho rocoso.
https://www.bas.ac.uk/project/bedmap3
Conocer la topografía subglacial
El objetivo de este atlas va más allá de la cartografía. Conocer la topografía subglacial es fundamental para entender cómo se mueve el hielo y qué sectores son más vulnerables al calentamiento global. Elementos como pendientes, montañas submarinas o valles bajo el nivel del mar pueden acelerar o frenar el desplazamiento de grandes masas de hielo hacia el océano. La respuesta de la capa de hielo antártica al cambio climático sigue siendo una de las principales incertidumbres para estimar cuánto aumentará el nivel del mar en las próximas décadas y siglos.
Para Argentina, Bedmap3 tiene un valor especial, ya que llenó importantes vacíos de información en la Península Antártica, zona sobre la cual el país mantiene un reclamo de soberanía suspendido por el Tratado Antártico y donde se concentra gran parte de su actividad científica y logística. La nueva base de datos incorpora información mucho más completa sobre el espesor del hielo, la topografía del lecho y las costas de esa región.
Esta área es una de las que ha mostrado señales particularmente intensas de cambio ambiental. Investigadores argentinos del CONICET y del Instituto Antártico Argentino documentaron allí retrocesos glaciares y modificaciones en los ecosistemas costeros. En Caleta Potter, Isla 25 de Mayo, donde funciona la Base Carlini, científicos argentinos registraron cómo el retroceso glaciar y el mayor aporte de sedimentos pueden alterar incluso las comunidades del fondo marino.
Bedmap3
Bedmap3 permitirá ahora mejorar la comprensión de estos procesos. Al conocer con mayor detalle la forma del terreno que sostiene el hielo, se podrán elaborar modelos más precisos sobre el flujo de los glaciares, identificar qué sectores podrían perder masa más rápidamente y entender mejor la interacción entre hielo, roca y océano. La base también incluye información sobre lagos subglaciales y facilita modelar las redes por las que el agua de deshielo circula bajo kilómetros de hielo antes de llegar al mar.
En definitiva, este nuevo mapa no muestra cómo será una futura Antártida sin hielo, sino que revela la geografía que actualmente condiciona el comportamiento de la enorme masa helada. Montañas, cañones y valles invisibles bajo el hielo pueden influir en fenómenos que ocurren a miles de kilómetros, incluso en las costas argentinas, ya que entender cuánto hielo puede llegar al océano es clave para mejorar las proyecciones del nivel del mar.
Bedmap3 no es producto de una única expedición, sino un extenso rompecabezas construido con mediciones acumuladas desde mediados del siglo XX. Integra datos de radar de penetración de hielo, aerogeofísicos, satelitales, batimetría y observaciones de superficie.
Sus mapas se elaboran sobre una grilla de 500 por 500 metros y permiten representar la elevación superficial, el espesor del hielo y la altura del terreno subglacial. El proyecto es impulsado por la comunidad científica internacional vinculada al Scientific Committee on Antarctic Research (SCAR) y constituye la tercera generación de mapas Bedmap, tras Bedmap1 y Bedmap2.