Durante los últimos cinco años, la planta VIDA de vacunas fue una promesa que nació en plena pandemia, quedó asociada a la producción local de la vacuna Sputnik V y atravesó un largo proceso de construcción, equipamiento, validaciones y desarrollo industrial.
Ahora, por primera vez, ese proyecto empezó a transformarse en un negocio concreto de la mano de Laboratorios Richmond que confirmó en su balance del primer semestre de este 2026 que ya realizó las primeras ventas de vacunas fabricadas en la planta ubicada en la localidad bonaerense de Pilar.
El paso marca el inicio de la etapa comercial del complejo industrial que concentra buena parte de la estrategia de crecimiento de la farmacéutica propiedad del empresario Marcelo Figueiras.
La compañía informó ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), que las primeras operaciones corresponden a las vacunas IPV (contra la poliomielitis) y Tdap (triple bacteriana acelular para adolescentes y adultos), comercializadas inicialmente a través del sector privado.
Una nueva etapa en el plan de negocios de Laboratorios Richmond
Para Richmond, se trata de un hito en su historia porque representa el comienzo de la generación de ingresos de una inversión que durante los últimos años demandó fuertes desembolsos y elevó significativamente su nivel de endeudamiento.
El propio balance admite que la planta todavía atraviesa una etapa de escalamiento productivo y que, por ese motivo, durante el semestre registró $8.023 millones en costos fijos de fabricación que no pudieron ser absorbidos por el actual nivel de producción y que fueron contabilizados dentro del rubro “Otros Gastos”.

De la Sputnik V al proyecto más ambicioso de la industria farmacéutica
La historia de la planta VIDA comenzó mucho antes de las primeras ventas registradas este año. El proyecto tomó impulso durante la pandemia de Covid-19, cuando Richmond firmó un acuerdo con el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) para producir en la Argentina la vacuna Sputnik V.
Aquella iniciativa convirtió a la empresa en uno de los principales protagonistas de la estrategia sanitaria de esos años y aceleró una inversión que ya tenía en carpeta para construir un complejo biotecnológico de última generación capaz de fabricar vacunas y medicamentos biológicos con estándares internacionales.
Con el paso del tiempo, el escenario cambió, la demanda mundial de vacunas contra el Covid cayó abruptamente y el proyecto debió redefinir su estrategia.
En lugar de concentrarse en un único producto, Richmond decidió ampliar el alcance de VIDA para fabricar distintas vacunas del calendario y avanzar también sobre el desarrollo de biosimilares, uno de los segmentos de mayor crecimiento y valor agregado de la industria farmacéutica.
Ese proceso explica por qué la compañía siguió invirtiendo durante los últimos años pese a un contexto económico complejo y a mayores necesidades de financiamiento.