La cantidad de estudiantes que logran finalizar la secundaria en tiempo y forma disminuye cada año en Argentina, mientras crecen las dificultades de ingreso y permanencia en la universidad pública.
El deterioro de la educación nacional impacta de manera directa en el acceso a estudios superiores. El fenómeno afecta tanto a alumnos de sectores vulnerables como a los provenientes de familias con mayores recursos.
Las estadísticas de Argentinos por la Educación muestran una caída sostenida: en 2019, 16 de cada 100 estudiantes finalizaban la secundaria a tiempo; en 2022, la cifra bajó a 13, y en 2024 alcanzó solo 10 de cada 100.
El descenso condiciona las posibilidades de acceder a empleos formales y de calidad. La problemática se refleja también en los primeros años universitarios, donde docentes advierten sobre graves dificultades cognitivas y de comprensión en los ingresantes.
El impacto de la crisis educativa se agrava por la brecha socioeconómica. A menor nivel de ingresos familiares, peores son los resultados académicos y menores las probabilidades de completar una carrera universitaria. Esta realidad afecta la función tradicional de la educación pública como herramienta de movilidad social.
Percepción social y diagnóstico del sistema educativo
La sociedad argentina percibe un deterioro profundo en la calidad educativa nacional. Según encuestas de opinión, entre 60% y 75% de los consultados considera que la educación en el país es mala o muy mala. Sin embargo, más de 50% de los mismos encuestados opina que la educación de sus propios hijos es buena. Este contraste revela una distancia entre la evaluación general del sistema y la experiencia individual de las familias.
El concepto de crisis educativa aparece de manera constante, pero resulta difícil instalar el tema en la agenda pública de manera sostenida. La preocupación crece ante el descenso de los niveles de egreso y la percepción de que la situación “es cada vez peor”.