Científicos de las universidades públicas de Río Negro (UNRN), del Centro Atómico Bariloche (CAB) y de la UBA detectaron que el hígado de los animales concentra los niveles más altos de mercurio, hasta cuatrocientas veces más que la piel. Tres individuos adultos superaron los umbrales de toxicidad reconocidos para pinnípedos, el grupo de mamíferos marinos que incluye lobos marinos, focas y morsas.
El estudio de la piel se publicó en la revista Science of the Total Environment. “Puede considerarse una herramienta útil para estimar la concentración de mercurio en tejidos internos, en animales vivos, a través de biopsias de piel, especialmente en animales silvestres, en ambientes naturales”, explicó a Diario RÍO NEGRO la bióloga Natalia Federico, quien forma parte de la Fundación Azara, el Laboratorio de Investigación y Conservación de la Biodiversidad (InCoBIO) de la Sede Atlántica de la Universidad Nacional de Río Negro, y del Centro de Investigaciones y Transferencia de Río Negro (CONICET – UNRN).
Otros coautores del trabajo pertenecen al Proyecto Patagonia Noreste del Balneario El Cóndor, el Centro Atómico Bariloche y el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN) en Buenos Aires, y son Diego Birochio, Mariela Rizzuti, Mauricio Failla, Sergio Ribeiro Guevara e Iris Cáceres-Saez. “Durante la toma de muestras en la playa nos acompañaron los Guardambientales de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro”, contó.
El mercurio que viaja
El mercurio llega al océano por actividades humanas como la minería y la quema de combustibles fósiles, y también por procesos naturales. Una vez en el agua, microorganismos lo convierten en metilmercurio (su forma más tóxica), que ingresa en los peces y se acumula en los grandes predadores de la cadena trófica.
Los lobos marinos del sur de América del Sur comen peces y calamares que también consume el ser humano, por lo que el mercurio que cargan en sus tejidos sirve como un indicador del estado de contaminación del ecosistema marino.
Hasta el momento no había datos sobre selenio en tejidos internos de esta especie en Argentina, y los estudios previos sobre mercurio databan de las décadas de 1980 y 2000. Ninguno de esos trabajos anteriores evaluó ambos elementos de forma simultánea en múltiples órganos.
“El golfo San Matías, en el norte de la Patagonia, es una zona muy biodiversa. Allí habitan muchas especies de invertebrados como también de peces y mamíferos marinos. Es de baja densidad poblacional y está considerada relativamente poco contaminada, aunque con actividad minera e industrial registrada”, afirmó.

Qué midieron
El objetivo central del estudio fue medir las concentraciones de mercurio y selenio al mismo tiempo en músculo, hígado, riñón, pulmón y piel de ejemplares varados en costas de Río Negro. Los investigadores buscaron determinar si los niveles de mercurio en la piel podían predecir los niveles en órganos internos, lo que permitiría monitorear poblaciones vivas sin practicar necropsias.
El equipo también evaluó la relación molar Se:Hg (la comparación entre las cantidades molares de selenio y de mercurio en cada tejido) para entender en qué medida el selenio protege al animal de la toxicidad del mercurio.
Esa herramienta es una de las más usadas en ecotoxicología, la rama de la ciencia que estudia los efectos de los contaminantes en los ecosistemas.
El hallazgo
El equipo trabajó con diez animales varados o muertos por captura accidental en áreas protegidas de Río Negro entre 2022 y 2023, y extrajo muestras de cinco tejidos distintos.
Las concentraciones se midieron con Análisis por Activación Neutrónica Instrumental (AANI), una técnica que expone las muestras a radiación en el reactor nuclear RA-6 del Centro Atómico Bariloche y permite cuantificar sustancias presentes en cantidades muy pequeñas con alta precisión.
El hígado fue el órgano con mayor acumulación de mercurio, seguido por riñón, músculo, pulmón y piel, y los niveles aumentaron con la edad y el tamaño corporal del animal.
Tres individuos adultos (dos machos y una hembra) superaron el umbral de toxicidad para pinnípedos, fijado en 224 microgramos por gramo de peso seco; la hembra mayor registró 586 microgramos por gramo.
En la mayoría de los órganos, “la relación molar evidencia un exceso de selenio, lo que indicaría un efecto protector ante la toxicidad del mercurio, pero en el hígado esa proporción se igualó, lo que señala una menor disponibilidad de Se. Aunque se sabe que la forma de mitigar la toxicidad del Hg en el hígado es formando complejos insolubles de HgSe (seleniuro de mercurio)”, señaló la científica.
Los investigadores establecieron además una ecuación de regresión que permite estimar la concentración de mercurio en músculo a partir de la medición en piel, con una relación estadísticamente sólida entre ambos tejidos.
Muestras
Entre las limitaciones del trabajo, los investigadores reconocieron que el tamaño de la muestra fue pequeño y que la ausencia de muestras de dientes impidió determinar la edad exacta de los animales con el método más confiable.
Sin embargo, indicaron que se necesitan más estudios para ampliar la base de datos y entender mejor la dinámica de contaminantes en el ecosistema marino del norte de la Patagonia, una zona aún poco estudiada en este campo.