Nuevamente, los términos #Ciencia, #JavierMilei, #Corrupción parecen volver a asociarse, y esta vez en torno a una licitación que el Gobierno lanzó para poner en órbita el satélite del satélite SABIA-Mar, y es que versiones publicadas en los medios denuncian que los funcionarios libertarios estarían “buscando beneficiar” a Epic Aerospace, una startup de buenos lazos con el secretario de Ciencia y Técnica, Darío Genua.
El Gobierno lanzó una licitación internacional para contratar el servicio de lanzamiento del SABIA-Mar, impulsada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y activó sospechas en el sector aeroespacial por un pliego que podría favorecer a una startup con llegada a áreas clave.
La apertura de un expediente para licitar la puesta en órbita de un nuevo satélite argentino, que contó con el visto bueno del secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, cambia las reglas de juego del sector aeroespacial, que tradicionalmente se canalizaban con servicios de lanzamiento de Estados Unidos o la Guayana, pero que esta vez apuntó a una compañía cercana.
Claro, las sospechas nacen porque en los casos del desmantelamiento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y en el caso del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) se da el caso de la presión de empresas cercanas a Javier Milei (IRSA, de Eduardo Elsztain, y Lenor) para quedarse con los servicios de los organismos científicos.
Las dudas son que en principio, para poder lanzar el satélite observacional SABIA-Mar primero habría que terminar de construirlo, algo que no sucede porque el gobierno de Javier Milei decidió paralizar el programa que lo financiaba.
¿Usar el Estado para favorecer a los amigos?
En este caso, Epic, una empresa argentina que se especializa en lanzamientos aeroespaciales, es la señalada y (otra vez) un funcionario libertario aparece en la mira tratando de usar los mecanismos del Estado para beneficiar amigos. Los ya incontables casos de corrupción de la administración libertaria en la gestión nuclear, en agro e industria, hacen que la comunidad científica sospeche esto también en el sector nuclear, incluso especulando sobre “retornos” de estas posibles acciones para beneficiar empresas cercanas, pero claro, eso no está confirmado.
La denuncia fue publicada en un artículo periodístico del medio Letra P, y apunta directo al secretario de Ciencia, Darío Genua.
Lo concreto es que, hasta ese momento, la Argentina resolvía la puesta en órbita de sus satélites mediante acuerdos con actores consolidados o convenios entre Estados. Los ARSAT, por caso, fueron lanzados por Arianespace y los SAOCOM, por SpaceX, en esquemas que garantizaban respaldo técnico y previsibilidad operativa.
La licitación publicada diez días atrás modificó ese criterio y abrió la puerta a una contratación externa con un formato distinto. El pliego redefinió el esquema de acceso al espacio y amplió el tipo de actores habilitados a participar del proceso.

Licitación del SABIA-Mar y cambio del modelo espacial
Según consigna el medio Letra P, uno de los puntos centrales del pliego fue la posibilidad de utilizar vehículos de transferencia orbital (OTV), un segmento específico del negocio espacial que no formaba parte de los esquemas anteriores y que coincidía con el núcleo de actividad de Epic, una startup fundada por Ignacio Belieres Montero
La incorporación de ese componente no resultó neutral. En el modelo previo, los lanzadores utilizados por Arianespace o SpaceX colocaban directamente el satélite en su órbita final. La inclusión de un OTV redefinió la arquitectura del servicio.
A ese esquema se sumó otro elemento relevante: la licitación no previó segmentación por etapas. Bajo ese formato, un único adjudicatario concentraría la totalidad del servicio, desde la logística hasta el lanzamiento.
En el sector aeroespacial, ese diseño reforzó la hipótesis de que el proceso podría estar configurado para favorecer a un actor específico con capacidad de integrar todas las fases del servicio.
La evaluación de las ofertas también dejó margen para interpretaciones. Si bien el pliego estableció una ponderación que combinó variables técnicas y económicas, habilitó a la CONAE a recalificar el cumplimiento de los oferentes según la documentación presentada.

CONAE, Epic y la relación con el Gobierno
En ese contexto, las miradas se concentraron en Epic, la startup aeroespacial que ya había quedado en el centro de la escena por su vínculo con el Gobierno. Fundada en 2019, la empresa se especializó en vehículos de transferencia orbital.
La firma fue encabezada por Belieres Montero y, pese a su visibilidad, no contaba con trayectoria en lanzamientos propios ni con contratos de escala comparable en el mercado internacional. Sin embargo, logró posicionamiento institucional.
En paralelo, el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Genua, concentró la toma de decisiones en un contexto particular: la CONAE no contaba con conducción ejecutiva plena desde hacía meses por la falta de acuerdo entre los organismos responsables de su dirección.
Ese vacío de poder reforzó el peso de la Secretaría en la definición de la estrategia del programa espacial y en el diseño del proceso licitatorio. En ese marco, la licitación del SABIA-Mar apareció como una decisión estructural.
El cruce entre ese esquema de poder y el rediseño del modelo de contratación, que incorporó tecnologías alineadas con el negocio de Epic, alimentó las sospechas dentro del sector.

Del modelo estatal a la apertura del negocio espacial
La discusión de fondo excedió a una empresa. Lo que estuvo en juego fue el modelo de acceso al espacio que adoptaría la Argentina en los años siguientes.
El paso de acuerdos entre Estados o contratos con operadores consolidados a una licitación integral redefinió el equilibrio entre lo público y lo privado en un área estratégica.
Para algunos actores del sector, se trató de una modernización que abrió el juego a nuevas tecnologías. Para otros, implicó una tercerización selectiva que podría afectar capacidades acumuladas durante décadas.
La licitación del SABIA-Mar no solo definió quién pondría el próximo satélite argentino en órbita, sino también quiénes quedarían posicionados en el negocio espacial en la nueva etapa. Claro que, primero hay que terminar el satélite, algo que parece difícil en la era libertaria.