La presencia de arsénico en el agua de consumo constituye una problemática de salud a nivel mundial. La exposición prolongada a este elemento natural provoca hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE). Esta enfermedad produce lesiones en la piel, problemas cardiovasculares, diabetes y distintos tipos de cáncer. En niños y niñas, está fuertemente asociado a daños neurocognitivos.
Argentina registra la mayor área afectada por aguas subterráneas contaminadas con arsénico dentro de América latina. Cerca de un millón de kilómetros cuadrados, distribuidos entre las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Salta, Tucumán, Santa Fe y La Pampa.
17 millones de personas afectadas por el arsénico en todo el país
Un reciente análisis de 61 publicaciones científicas realizado por un equipo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario reveló que 17 millones de personas en el país están expuestas al consumo de agua contaminada con arsénico. Las poblaciones rurales que extraen el agua de pozo y carecen de tecnologías apropiadas de potabilización son vulnerables al arsénico en su forma más tóxica: el arsenito, nombrado As(III).
Frente a este problema, Marcela Rodríguez, Daiana Reartes y María Dolores Rubianes, científicas del Departamento de Fisicoquímica de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del Conicet, desarrollaron un sensor electroquímico de bajo costo, portable, fácil de usar y desechable, capaz de detectar la presencia de As(III) en el agua potable.
Las pruebas realizadas con muestras tomadas en General Levalle (Córdoba) y Recreo (Catamarca) –dos localidades afectadas por altos niveles de As(III)– permitieron validar la efectividad del dispositivo, explicaron en la Agencia de Noticias UNCiencia, de la Universidad Nacional de Córdoba. El dato sobresaliente es su alta sensibilidad, que permite un excelente límite de cuantificación: puede detectar valores de ese elemento incluso por debajo del límite (10 partes por billón) recomendado por la Organización Mundial de la Salud y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

Resultados
Los resultados obtenidos fueron equiparables a análisis realizados en laboratorios del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos Córdoba (Icytac) de la UNC, con equipos costosos de mayor porte y técnicas más tradicionales para cuantificar metales en concentraciones muy bajas, como la espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente (ICP-MS).
Actualmente no existe en el mercado local una solución que utilice el mismo abordaje. A fines de 2025 el equipo inició el proceso de patentamiento ante el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual. Las gestiones fueron conducidas por la Oficina de Propiedad Intelectual, dependiente de la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC. Cabe señalar que el proyecto integra, además, el catálogo UNC Innova.
Sobre la motivación para llevar adelante este desarrollo, Rodríguez apunta: “Nuestra línea de investigación son los biosensores. Algunos están pensados para medir la glucosa en sangre, ADN, proteínas o para detectar la presencia de polifenoles, pesticidas, herbicidas y contaminantes de origen orgánico, o metales como el plomo y el mercurio”.
Y agrega: “Siempre el interés fue tratar de realizar un aporte a la sociedad desde nuestro lugar. Sabemos que el arsénico es un problema muy importante y actualmente no tiene eco en organismos gubernamentales. Hay una enorme cantidad de personas expuestas y no hay medidas para solucionarlo”.
En esa línea, la científica advierte que si bien en Argentina hay un volumen exhaustivo de investigación interdisciplinaria sobre cómo se distribuye el arsénico en el territorio, sus efectos y qué laboratorios están en condiciones de medirlo, todavía no se han adoptado medidas sanitarias para la población afectada.

Cómo funciona el sensor de arsénico
Para desarrollar el sensor, sus creadoras utilizaron herramientas de bionanotecnología. Mediante técnicas de síntesis controladas produjeron nanoestructuras de oro de alta calidad, que posteriormente fueron modificadas con un biopolímero natural y biodegradable derivado de la quitina, presente en los exoesqueletos de crustáceos e insectos.
De esa manera lograron obtener un bionanohíbrido. Ese componente es el corazón del sensor y opera mediante transducción electroquímica: al colocar una gota de agua en la plataforma de análisis, el arsénico interacciona con el biopolímero y deja expuestas las nanopartículas de oro. En ese proceso se genera una señal eléctrica que proporciona información del contenido de arsénico en la muestra.
El sensor funciona como una especie de “tira reactiva” que al conectarse a un aparato (de dimensiones similares a un disco duro portátil) amplifica la señal, para determinar con alta exactitud y precisión la concentración de arsénico en la muestra.
Por la tecnología que aplica, el sensor cuenta con alta sensibilidad y posibilidad de miniaturización. De hecho, su tamaño no supera el de un pequeño pendrive. Estas características resultan clave para su uso en campo y su integración en sistemas portables sin necesidad de equipos complejos o costosos.
Bajo costo y portabilidad
La principal ventaja radica en el bajo costo de los sensores y la portabilidad del equipo: en el mismo lugar donde se toma la muestra, se puede calibrar el equipo y realizar la medición. Esto simplifica considerablemente su uso para ONGs, municipios, escuelas rurales y otros actores territoriales.
Además, su uso no requiere conocimientos técnicos complejos, ni un consumo energético elevado, lo cual lo convierte en un instrumento ideal para el monitoreo continuo de la calidad del agua en regiones vulnerables.
Sobre el riesgo de la exposición al arsénico, Rodríguez advierte que es importante “aumentar la conciencia y la educación sobre la temática y promover medidas preventivas”. En ese sentido resalta la importancia de establecer políticas de salud pública que aborden la toxicidad ambiental, con el objetivo de implementar estrategias de monitoreo que permitan aplicar medidas de mitigación y prevención, para proteger a las poblaciones vulnerables.