El suplemento biotecnológico a base de erizo de mar, creado por la investigadora del CONICET, Tamara Rubilar, comenzó a ser probado por jugadores de fútbol profesional de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y ya se proyecta a nivel internacional.
Nació de la búsqueda de una madre científica por sanar a su hijo y se convirtió en un desarrollo biotecnológico de exportación. Tamara Rubilar creció en Puerto Madryn, estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y hoy lidera una empresa que hace ciencia y mira al mundo, llegando a Estados Unidos, España y a los jugadores de la AFA.
Erisea hoy ya es una empresa de base tecnológica del CONICET que comercializa suplementos dietarios a través de su marca Promarine Antioxidants. Estos productos se elaboran con antioxidantes marinos y polifenoles extraídos de las huevas no fecundadas del erizo de mar patagónico. Sirven para bajar la inflamación celular, modular las defensas y tratar distintas afecciones de salud.
Entre las funciones claves reduce la inflamación puesto que sus compuestos actúan a nivel celular para disminuir procesos inflamatorios crónicos. Por su parte, refuerza el sistema inmune ayudando a modular las defensas naturales del cuerpo y combate el estrés oxidativo.

Un desarrollo del CONICET, para la exportación
De pensar en su primera exportación y en la comercialización en Argentina, a ampliar su planta de producción, abrir una estructura logística en Buenos Aires y llegar a la AFA, mientras avanza con los trámites para comenzar a exportar a España. Así de vertiginosos fueron los últimos años de Tamara Rubilar, la científica de Chubut que descubrió los beneficios de los erizos de mar a partir de una patología de su hijo y creó una serie de suplementos que alivian diversas enfermedades, llegando hoy a las góndolas del país y del exterior.
Erisea
Hoy Erisea ya no es la compañía de hace un lustro; se convirtió en una reconocida firma a nivel nacional con proyección internacional. Fue distinguida como el “Emprendimiento Argentino 2025” —logro que motivó la creación de una nueva categoría de base tecnológica en dicho certamen— y premiada en México como la empresa más invertible en un concurso impulsado por grandes fondos de inversión, entre ellos Walmart. Todo un hito desde el sur de la Patagonia.
“La verdad es que cambió un montón”, reflexiona Tamara al repasar la evolución de la empresa. “Creció tanto que ya no podemos seguir con la dinámica tan artesanal de antes. Ampliamos la planta 150 metros cuadrados e incorporamos equipamiento que tuvimos que importar para mudar producción y acondicionamiento. La demanda exigía un espacio con otras características y logramos posicionarnos en el mercado argentino de forma muy saludable y orgánica. No dependimos de grandes inversiones en marketing, sino de la construcción de marca y del boca a boca sobre los beneficios de nuestros productos”.

Del laboratorio en Argentina al mundo
Tamara es bióloga egresada de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Siempre le apasionó la investigación y creía que se jubilaría como investigadora del CONICET. Sin embargo, la vida la obligó a buscar respuestas por fuera de la academia cuando una patología autoinmune irrumpió en la salud de uno de sus hijos.
El pequeño nació con serias dificultades inmunológicas y alergias alimentarias severas. Tras varios meses internado en la Casa Cuna y un diagnóstico complejo, la indicación médica principal fue el uso de corticoides para frenar la inflamación intestinal y pulmonar. Pero Tamara, consciente de los efectos adversos a largo plazo de ese tratamiento, decidió explorar otras alternativas.
Pasó tardes y noches enteras devorando literatura científica y consultando con inmunólogos de todo el mundo. La clave recurrente era el uso de antioxidantes de alta potencia para reducir la inflamación. Solo faltaba dar con el ingrediente indicado. La respuesta llegó finalmente desde un paper ruso: las propiedades de los equinoideos (erizos de mar).
Contacto en Rusia
Sin dudarlo, Tamara contactó a Sergey Fedoreyev, el científico ruso autor del estudio, y mantuvo una consulta por Skype entre Siberia y la Patagonia. Así comenzó su propio camino de ensayo y validación. Mandó muestras, analizó los resultados y, al confirmar la seguridad del compuesto, comenzó a administrarle extractos de huevos de erizo de mar a su hijo. Las mejoras no tardaron en manifestarse.
Primero disminuyeron las lesiones alérgicas en la piel, luego la frecuencia de los broncoespasmos y, un tiempo después, el niño pudo volver a ingerir alimentos que antes le estaban prohibidos.
Como buena investigadora, Tamara supo que aquello debía optimizarse y escalarse para beneficiar a más personas. Así, ingresó a un programa de incubación de la Secretaría de Ciencia y Técnica de Chubut para diseñar un modelo de negocio y salir en busca de capital. Un inversor local proveniente de la industria pesquera confió en la propuesta y nació Erisea, abocada a la elaboración de suplementos dietarios a base de erizo de mar.

La llegada al deporte de élite
El crecimiento de la empresa fue explosivo en los últimos años, al punto de generar cuellos de botella inesperados, tal como pasó cuando Tamara tuvo una entrevista con Mario Pergolini en su programa «Un día perdido».
“Tuvimos un pico de demanda brutal y un nivel de estrés altísimo”, cuenta entre risas “Tuvimos que aprender a manejar semejante volumen en tiempo récord. En ese momento hacíamos los envíos solo desde Puerto Madryn y colapsamos la sucursal local de Andreani; tuvo que cerrar tres días solo para procesar nuestros paquetes, imaginate. Por eso, nos obligó a armar una estructura logística en Buenos Aires para cumplir con los tiempos de entrega que exige el mercado en capital”.
En todo este proceso también surgieron alianzas estratégicas, entre ellas, la posibilidad de patrocinar al equipo KRÜ Pádel del “Kun” Agüero, “una oportunidad que no se podía desaprovechar”, admite Tamara.
Crecimiento vertiginoso
Hoy Erisea sigue creciendo. La empresa ultima los detalles de registro para concretar su primer desembarco en España. Paralelamente, la marca da sus primeros pasos en el deporte de alto rendimiento nacional. Son auspiciantes del club Banfield y de la Selección Argentina de Futsal de la AFA, suministrando suplementos a sus planteles y cuerpos médicos para evaluar de manera sistemática los impactos en el rendimiento físico.
“En deportistas de élite observamos que ayuda significativamente en la recuperación post entrenamiento y en la aceleración de los procesos de rehabilitación de lesiones”, explica la científica.
“Lo que acordamos con ellos es que les damos producto para todo el plantel y para los médicos todos los meses y ellos van registrando las mejoras que van teniendo porque se está demostrando que es muy efectivo. Nosotros sabemos que son mínimo tres meses para poder ver algún beneficio. En el caso particular de los jugadores profesionales, vamos a trabajar un poquito más de tiempo, porque, como pasa con la gran mayoría de los suplementos, las personas que están en muy buen estado ven los beneficios un poquito más lentos; entonces decidimos explorar un poco más el tiempo”.
En forma paralela, la empresa lleva adelante un ensayo clínico similar junto a la University Life de Miami, analizando el rendimiento en equipos de rugby femenino y masculino para su tesis de maestría en nutrición.
Un círculo virtuoso con el sistema científico
Sin embargo, pese a las exigencias corporativas, Tamara no ha abandonado su vocación de investigadora y creó una “plataforma biotecnológica traslacional”, mediante la cual articula proyectos con diversos grupos del CONICET especializados en oncología, enfermedades neurodegenerativas, afecciones mitocondriales y nanoencapsulamiento.
En la actualidad existen siete líneas de investigación activas que abordan patologías como histaminosis, artrosis reumatoidea, Parkinson, cáncer de mama metastásico y síndromes metabólicos.
“Es un orgullo enorme generar este círculo virtuoso con la ciencia pública, especialmente en momentos de tanta tensión para el sector”, destaca Tamara.
Erisea, en crecimiento
Erisea sigue creciendo y todo desde el sur de la Patagonia. El objetivo, a cinco años, es consolidar la presencia internacional y llevar a término las fases preclínicas y clínicas de sus investigaciones, además de profundizar la llegada a las farmacias argentinas, demostrando que se puede hacer ciencia a escala comercial desde el interior de Argentina.
Quizás por eso, dedica una parte de su tiempo libre a mentorear a jóvenes científicos del interior del país que sueñan con transformar sus hallazgos de laboratorio en emprendimientos globales.
“Muchos chicos de provincias como Chaco o Corrientes me dicen que sienten que están muy lejos de todo. Yo siempre les digo lo mismo: nosotros emprendemos desde Puerto Madryn, mucho más al sur y con las dificultades climáticas y logísticas de la Patagonia, y lo logramos. No hace falta estar en la Capital para crear algo con impacto global”, sentencia, la investigadora que convirtió una búsqueda de madre en un desarrollo económico y científico que mejora la calidad vida.