Tres investigadoras de la Universidad Nacional de La Plata analizaron el proceso de envejecimiento demográfico de la sociedad argentina, por qué ocurre este fenómeno y qué desafíos plantea para el futuro.
Hay cambios que irrumpen de un día para otro y otros que avanzan lentamente hasta que, de pronto, resulta imposible ignorarlos.
El envejecimiento de la población pertenece a este último grupo.
Mientras en muchas escuelas comienzan a reducirse las matrículas y las salas de jardín de infantes reciben menos chicos que hace apenas una década, los hospitales y los centros de salud atienden cada vez más personas mayores.
La sociedad cambia de edad
En los barrios es habitual encontrar familias donde conviven cuatro generaciones y la expectativa de vida siguen aumentando. La sociedad argentina está cambiando de edad.
Lejos de ser un fenómeno exclusivamente local, se trata de una transformación global impulsada por dos procesos simultáneos: vivimos más tiempo gracias a los avances sanitarios, médicos y tecnológicos, y nacen cada vez menos niños.
El resultado modifica la estructura de toda la población y obliga a repensar organizaciones e instituciones que fueron diseñadas para una realidad muy distinta.
“El envejecimiento demográfico no es solo el aumento de la población mayor: es un cambio en la relación entre generaciones“, explica Mariela Cotignola, socióloga e investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. “Vivimos más años, nacen menos niñas y niños, y las instituciones deben reorganizarse para sostener vidas más largas, más diversas y menos desiguales.”
Envejecimiento demográfico
La especialista señala que muchas veces el debate se centra únicamente en la cantidad de personas mayores, cuando en realidad el fenómeno es mucho más profundo. Envejecer como sociedad implica modificar la forma en que se distribuyen los recursos, se organizan los cuidados, funcionan los sistemas previsionales y se proyectan políticas públicas para las próximas décadas.
Durante buena parte del siglo XX la Argentina fue un país joven. Las familias tenían más hijos, la esperanza de vida era menor y la pirámide poblacional mostraba una base amplia integrada por niños y adolescentes. Hoy esa imagen comenzó a invertirse.
Los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022, muestran que la proporción de personas mayores continúa creciendo mientras disminuye el peso relativo de las generaciones más jóvenes.
La tasa global de fecundidad en descenso
Las proyecciones indican que esta tendencia seguirá profundizándose durante las próximas décadas. Entre 2014 y 2020 la tasa global de fecundidad cayó un 34% en Argentina. Entre las adolescentes, el descenso fue aún mayor: alcanzó el 55%, tendencia que se profundizó en los años siguientes. En 2024, por primera vez, en la provincia de Buenos Aires murieron más personas de las que nacieron: se registraron 151.690 defunciones frente a 147.081 nacimientos.
El informe completo de la UNLP: