El coordinador del Foro de Reflexión Empresarial y exministro de Producción de la provincia de Santa Fe, Cristina Desideri, instó a que se aplique a nivel nacional el “modelo INVAP” apuntando hacia la reindustrialización nacional con agregado estratégico de valor y con “mirada federal”, tras el gobierno de Javier Milei.
“El modelo productivo actual exige un giro estratégico hacia la industrialización en origen con mirada federal. Cómo replicar el modelo Invap y generar valor agregado global”, apuntó Desideri en un artículo publicado en el Diario La Capital, de Santa Fe.
El ex funcionario apuntó que “la República Argentina enfrenta una encrucijada estructural en su matriz de crecimiento. Históricamente concentrado en la exportación de commodities primarios y centralizado en los puertos metropolitanos”, algo que el gobierno nacional hoy impulsa y refuerza. Para cambiar ese modelo, instó a “un giro estratégico hacia la industrialización en origen con mirada federal”.
Para eso, Desideri citó el “modelo INVAP”, en alusión a la empresa de alta tecnología de la provincia de Río Negro, especializada en desarrollos en Defensa, Ingenería Aeroespacial, Medicina Nuclear y Energía, que se autosustenta (y brinda ingresos a Río Negro) a partir de la exportación histórica de alta tecnología.
Claro que para que ese modelo se replique a nivel nacional debería existir la infraestructura institucional que sí tiene Río Negro, pero que hoy está siendo dilapidada por Nación.
Por ello Desideri, sostiene que “en este escenario de debates normativos, donde iniciativas como el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (Rigi) generan interrogantes sobre su real alcance y la optimización de sus resultados a largo plazo en el entramado pyme, la prioridad económica sigue siendo clara: consolidar un desarrollo equilibrado que genere empleo e integre recursos, ciencia y territorio”.
Es que el RIGI es un régimen cuya columna vertebral no es la regulación institucional de la extracción de recursos, sino más bien lo contrario, algo que deja abierto el camino a que el país obtenga escasos beneficios de las inversiones privadas internacionales sobre los recursos naturales, en particular los de la minería.
“No se trata de una consigna meramente distributiva, sino de una necesidad fiscal y monetaria de primer orden: sustituir el modelo de baja densidad industrial por cadenas locales de valor transables extendidas territorialmente y de base tecnológica”, plantea el artículo.

¿Para qué agregar valor?
El titular del Foro Empresario señala que “la transformación industrial de los recursos naturales en las provincias de origen ataca directamente los desequilibrios de la balanza de pagos y las ineficiencias logísticas estructurales” con resultados como la mitigación de la restricción externa y shocks comerciales; la reconfiguración de costos logísticos y huella de carbono; y los ecosistemas de innovación local: la radicación de industrias en las provincias dinamiza la interacción entre el sector privado y el entramado científico-técnico subnacional, como los institutos vinculados al Inta y al Inti, acelerando la transferencia de tecnología aplicada.
Un modelo de valor agregado descentralizado modifica de raíz la ecuación de ingresos del sector privado regional y de los Estados subnacionales, dice Desideri y beneficia al interior productivo y el mercado laboral formal; la dinamización del tejido pyme regional y la sostenibilidad fiscal y federalismo económico.
Para el autor del artículo los vectores de la transformación pasarían por “casos concretos en los que el valor agregado real y los ecosistemas de alta gama productiva redefinen la viabilidad y competitividad de las regiones”, como es el caso de las inversiones de destilerías de bioetanol y plantas de harina protéicas avanzadas en La Pampa; en el NOA, el avance sobre la minería de litio permite pasar de las salmueras al desarrollo de insumos químicos locales y plantas piloto de celdas de cátodos industriales; en la Patagonia, el uso de la energía y gas en origen permite radicar industrias electrointensivas y petroquímicas pesadas en suelo patagónico, evitando bombear todo el recurso sin procesar al norte. Polos Petroquímicos y plantas de licuefacción (GNL) en costas provinciales dan cuenta de esta potencialidad; y Tucumán con la Economía del Conocimiento.

INVAP, el modelo para llevar a todo el país
Desideri propone tomar a INVAP, la sociedad del Estado provincial de Río Negro, como un modelo global de articulación público-privada en medicina nuclear, tecnología aeroespacial y de defensa que exporta “valor intelectual intangible (alto valor por kilo) y tracciona un denso clúster pyme tecnológico en Bariloche”.
En síntesis, propone crear “un activo estratégico para el desarrollo” y “abandonar el debate recurrente sobre cómo distribuir una renta proveniente de recursos primarios, inherentemente variable y condicionada por los ciclos políticos”. “Mientras la riqueza generada por los recursos naturales continúe administrándose bajo una lógica de corto plazo, el país seguirá reproduciendo los mismos desequilibrios fiscales, territoriales y productivos. En consecuencia, el verdadero desafío no reside únicamente en la distribución de esa renta, sino en la construcción de una institucionalidad capaz de transformarla en un activo estratégico para el desarrollo”.
“Esto implica sustituir la lógica del gasto coyuntural por una arquitectura financiera que preserve el capital generado por los recursos naturales y lo canalice hacia un proceso sostenido de industrialización federal, basado en la generación de valor agregado, el desarrollo tecnológico y la diversificación productiva”, apunta el artículo.
Un fondo soberano
“Desde esta perspectiva, el sendero hacia una solvencia estructural consiste en adoptar una arquitectura institucional y financiera de estándar internacional que canalice una proporción de las regalías, cánones, derechos de exportación y demás rentas extraordinarias derivadas de la explotación de los recursos naturales hacia un Fondo Soberano, constituyéndolas en un patrimonio financiero de largo plazo. De este modo, dichos recursos financiarán, de manera previsible, sostenible e independiente de las contingencias políticas, la industrialización, la innovación tecnológica y la formación de talento en todas las provincias“, apunta.
Un fondo soberano concebido bajo estos principios dejaría de ser un mero instrumento de ahorro para convertirse en el principal vehículo financiero de un nuevo modelo de desarrollo federal, capaz de transformar la renta extraordinaria de los recursos naturales en capital productivo, valor agregado, capacidades tecnológicas y prosperidad intergeneracional, sostiene el artículo.