El gobierno de Javier Milei inició el traslado de las bases científicas que operan en la Antártida de la órbita de Cancillería a la de Defensa, y levantó críticas desde el sector científico, desde el militar y del diplomático.
Los cuestionamientos no tienen que ver exactamente con la disputa entre libertarios y adversarios políticos, sino con cuestionamientos que salen desde el propio gobierno nacional, por el proceder caótico y sin un rumbo claro de la decisión que pone en riesgo la presencia argentina en la Antártida.
El Programa Antártico Argentino sirve para ejecutar la política antártica nacional, coordinando investigación científica (cambio climático, océanos, biología), gestión ambiental, apoyo logístico a bases y refugios, y defensa de los intereses soberanos argentinos en la Antártida, todo bajo el marco del Tratado Antártico, asegurando la paz y el uso científico del continente.
Cabe mencionar, que el sostenimiento de la labor científica en el continente blanco y la no militarización es la condición que le permite a la Argentina justificar su presencia en la Antártida, algo que está en peligro si se continúa con el desfinanciamiento del programa antártico argentino.
Cabe mencionar, que el sostenimiento de la labor científica en el continente blanco y la no militarización es la condición que le permite a la Argentina justificar su presencia en la Antártida, algo que está en peligro si se continúa con el desfinanciamiento del programa antártico argentino.
Según revelaron fuentes del medio LPO al medio, en la misma Cancillería es extrema la preocupación por las condiciones de trabajo en la Antártida y la insistencia del gobierno por trasladar las bases logísticas y científicas a la orbita de la ministerio de Defensa.
“Mientras el expediente del traspaso de la administración de las bases antárticas desde la Dirección Nacional del Antártico (DNA – de Cancillería) al Comando Conjunto Antártico (Cocoantar – de Defensa) avanza en los últimos días a gran velocidad, puertas adentro la situación logística y operativa del Programa Antártico Argentino atraviesa la peor crisis en décadas“, sostienen.
El foco de los cuestionamientos de esta situación están en la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur bajo la conducción de Paola Di Chiaro y sus asesores, los militares retirados como Edgar Calandín y Máximo Pérez León Barreto que articulan con un Cocoantar que afirman que “está desfinanciado”.
Militarización libertaria que pone en riesgo la presencia argentina en la Antártida
En las Fuerzas Armadas tampoco están cómodos con este giro del gobierno a militarizar la Antártida. Es que la decisión libertaria está al borde de la violación del Tratado Antártico que Argentina tiene con Chile y prohíbe militarizar la zona.
El personal militar denuncia sobrecargas operativas, falta de medios, irregularidades en los procesos de licitación para las compras y el progresivo vaciamiento de la obra social IOSFA, cuya crisis impacta directamente en miles de suboficiales y sus familias.
Los militares remarcan, durante “la actual Campaña Antártica, la capacidad logística real del Cocoantar quedó reducida a un mínimo histórico. En el plano naval, solo el rompehielos ARA Almirante Irízar se encuentra operativo, luego de que el aviso de apoyo originalmente propuesto no superara la prueba de máquinas”.
“A ello se sumó la ausencia de embarcaciones menores u otros medios para el traslado de personal científico entre las Bases Frei y Carlini, dejando a los equipos sin alternativas operativas. Incluso los intentos de cooperación internacional, incluidos contactos con Chile y Corea, se diluyeron en desentendimientos y cruces internos, sin alcanzar soluciones concretas”, añaden.

Achicamiento del Estado
Pero la situación se agravó con la imposibilidad de la Fuerza Aérea Argentina de cubrir los movimientos aéreos previstos, producto tanto de la falta de medios operativos como del deterioro de la infraestructura crítica. A las fallas mecánicas graves, como la detención de un motor de un avión Hércules en vuelo, que obligó a abortar una aproximación a la Base Frei y regresar a Río Grande, se sumó el mal estado de las pistas de Río Grande y de la Base Marambio, con presencia de barro, falta de mantenimiento y condiciones que tornan inseguras las operaciones aéreas.
Esta situación obligó a cancelar apoyos previstos y a suspender cruces, profundizó la reprogramación permanente de vuelos y la ausencia total de previsibilidad, dejando a científicos varados, con pérdida de días de campaña e interrupción de proyectos completos.
Defensa no tiene espalda para hacerse cargo de una función de cancillería
Este colapso operativo derivó, por tercer año consecutivo, en la cancelación de la Pre Campaña Antártica de Verano (PRECAV), generando además un enorme malestar y una creciente preocupación por el desarrollo de la Campaña Antártica 2025/2026 que al día de hoy está demorada con vuelos postergados desde diciembre.
A esta situación se suma que el Plan Anual Antártico, instrumento central de planificación, respaldo operativo y sustento legal del Programa Antártico Argentino, permanece sin aprobación de la Secretaría de Malvinas desde el mes de julio. “Esta parálisis administrativa priva a la DNA de una herramienta indispensable para cumplir compromisos internacionales asumidos, ejecutar acciones operativas y garantizar la continuidad de proyectos científicos”, denuncian.
La diplomacia en la Antártida, con preocupación
Por último, diplomáticos de carrera al tanto de esta situación detallan que este panorama se profundiza con “una ofensiva concreta contra los trabajadores de la DNA y del IAA: quitas de funciones, presiones, maltrato laboral e intentos de trasladar atribuciones médicas y administrativas hacia el ámbito militar y otras áreas de Cancillería”.
Asimismo, plantean que “todo esto fue advertido por los canales de comunicación de la Cancillería y advertimos que estas exigencias quedarían sujetas a criterios discrecionales del ámbito militar, habilitando que sea esa estructura la que determine quiénes viajan y quiénes no a la Antártida”. “Todo mientras se omiten antecedentes documentados de evacuaciones de emergencia, accidentes fatales y problemáticas psicológicas registradas en campañas bajo gestión militar, en contextos donde la prevención resultó deficiente”, enfatiza.
“Al relegar a la ciencia y avanzar hacia una militarización de facto del programa antártico nacional, el país debilita el principal sustento de su presencia en el continente: la producción científica. Este debilitamiento resulta especialmente sensible en un escenario internacional que volverá a poner el foco sobre la Antártida, con inspecciones previstas como las anunciadas por Estados Unidos y con la renovación del Tratado Antártico en el horizonte“, concluyen.