Periferia

4 de Enero de 2026

Científicos de Brasil aseguran que la Amazonía cruzó el “punto de no retorno” ambiental en 2025

Científicos plantean que la región selvática más extensa del planeta dejó de ser un sumidero de carbono, perdió capacidad de generar lluvias y "acelera su transformación hacia una sabana degradada".

Un balance científico publicado en diciembre de 2025 confirma que la Amazonía superó el “punto de no retorno”. La selva más extensa del planeta dejó de ser un sumidero de carbono, perdió su capacidad de generar lluvias y entra en un proceso irreversible de degradación conocido como dieback, con impactos sociales, climáticos y culturales a escala global.

El año 2025 quedará registrado como un hito crítico para el planeta. Nuevos análisis satelitales y estudios de campo elaborados por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) y el Panel Científico por la Amazonía (SPA) concluyen que la selva amazónica ha cruzado el umbral ecológico conocido como punto de no retorno.

De acuerdo con el informe, la Amazonía ya no logra sostener los procesos biológicos que la mantuvieron estable durante miles de años. Lo que antes funcionaba como uno de los principales reguladores climáticos del mundo, hoy emite más gases de efecto invernadero de los que es capaz de absorber, agravando la crisis climática global.

Una selva que ya no puede fabricar su propia lluvia

La Amazonía operaba como una gigantesca “bomba de agua”. Cada árbol liberaba cientos de litros de vapor a la atmósfera, formando los denominados ríos voladoresque alimentaban las lluvias no solo de Sudamérica, sino de regiones distantes del planeta.

Sin embargo, el balance de deforestación y degradación extrema de 2025 muestra que este ciclo se ha quebrado. La tala indiscriminada y los incendios —muchos de ellos provocados— redujeron la masa forestal a tal punto que la selva perdió la capacidad de generar su propio clima.

Los científicos describen el fenómeno como una “muerte por sed”: árboles centenarios, que resistieron sequías históricas, ahora colapsan por falta de humedad. El ecosistema entra así en un proceso de autodestrucción biológica que ya no puede revertirse con medidas aisladas.

El silencio de las voces ancestrales

El colapso amazónico no es únicamente ambiental; también es humano. La degradación del bosque ha derivado en un etno-ecocidio silencioso. Durante 2025, cientos de comunidades indígenas se vieron forzadas a desplazarse ante la pérdida total de sus territorios, convertidos en cenizas o suelos infértiles.

La desaparición del bosque implica, además, la pérdida de la mayor biblioteca genética del planeta. Medicinas aún no descubiertas, especies no catalogadas y conocimientos ancestrales transmitidos por generaciones se extinguen sin haber sido registrados. Para los científicos, se trata de una de las mayores pérdidas culturales y biológicas de la historia moderna.

Un mundo más caliente y más vulnerable

Las consecuencias del colapso amazónico trascienden la región. Sin la selva actuando como regulador térmico, el calentamiento global entra en una fase de aceleración que podría tornar ineficaces los compromisos internacionales de reducción de emisiones.

Informes recientes del IPCC advierten que la pérdida de grandes ecosistemas críticos, como la Amazonía, incrementa el riesgo de cambios abruptos e irreversibles en el sistema climático global.

Durante 2025, ciudades ubicadas a miles de kilómetros registraron cielos cubiertos por humo procedente de incendios amazónicos. No se trató de fenómenos aislados, sino de una señal clara de que el impacto del colapso ya se manifiesta en la calidad del aire y en la salud de millones de personas.

Datos que confirman el colapso

Los hallazgos se sustentan en información del sistema de monitoreo Amazon Conservation (MAAP), en reportes técnicos del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE) y en evaluaciones científicas sobre puntos críticos de inflexión climática.

El consenso entre los investigadores es contundente: la Amazonía ha iniciado una transición hacia una sabana degradada y seca, con pérdidas ecológicas que se medirán en siglos.

Un llamado que llega tarde, pero aún necesario

El informe no deja espacio para la ambigüedad. El Amazonas, tal como el mundo lo conocía, ya no existe. Lo que permanece es un ecosistema herido que continúa degradándose bajo la presión humana y la inacción política.

Para la comunidad científica, 2025 marca el fin de una era y el inicio de un escenario climático mucho más inestable. El “pulmón del planeta” no murió de un día para otro, sino por décadas de advertencias ignoradas. Hoy, sus consecuencias ya se respiran en todo el mundo.

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