Periferia

16 de Marzo de 2026

Experto canadiense en seguridad nuclear desmiente al Gobierno y confirma que en Dioxitek “hubo derrame radiactivo”

Gordon Edwards, titular de la Coaolición Canadiense para la Responsabilidad Nuclear, analizó las imágenes de trabajadores expuestos a carbonato de uranilo y amonio en la planta que administra hoy Luis Caputo. Nación niega todo.

Luego de la denuncia presentada por trabajadores de la planta Dioxitek, que produce el combustible nuclear que utilizan las plantas atómicas de nuestro país, en Córdoba, Gordon Edwards, un experto en seguridad nuclear de Canadá desminitió al gobierno de Javier Milei y afirmó que en la planta “hubo derrame radiactivo y químicamente peligroso”.

Hoy cursa una causa judicial tras la denuncia de trabajadores de la planta situada en alta córdoba, pero la gestión de Javier Milei, encabezada por el ministro de Economía Luis Caputo, y el inexperto Secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, niegan todo y aseguran que todo es producto de “operaciones y fake news“.

A esta altura, queda en evidencia que la orden viene desde muy arriba del Poder Ejecutivo y que la respuesta desde el gobierno es negar todo como sea, sin importar las graves consecuencias sanitarias para los trabajadores de la planta.

Claro, ahora es un especialista en el tema el que valida el argumento de los trabajadores de la planta, quienes denuncian haber quedado expuestos a carbonato de uranilo y amonio por el desmanejo de la gestión libertaria.

Fue un derrame radiactivo y químicamente peligroso”, dijo Gordon Edwards, el experto en seguridad nuclear de Canadá, quien analizó las imágenes del evento de diseminación de AUC no reportado en la planta de Córdoba, que las autoridades intentaron minimizar para desentenderse del tema. “Estos derrames son los resultados de una mala gestión del material y podrían ser perjudiciales para la salud”, remarcó Edwards en diálogo con el medio de Córdoba La Voz del Interior.

Gordon Edwards, presidente de la Coalición Canadiense para la Responsabilidad Nuclear se refirió al incidente radioactivo en Dioxitek.

Derrame radiactivo, el resultado de la gestión libertaria en Dioxitek

La diseminación de polvo de carbonato de uranilo y amonio (AUC) o “yellow cake” en el proceso de producción de pastillas de dióxido de uranio que realiza la empresa estatal Dioxitek planteó un “peligro radiactivo y químico”, principalmente para cualquier trabajador que entrara en contacto con el material.

La persona que ofrece este análisis es el doctor Gordon Edwards, fundador y actual presidente de la Coalición Canadiense para la Responsabilidad Nuclear (CCNR), académico y consultor reconocido internacionalmente como experto en seguridad nuclear y temas relacionados con la protección ambiental.

Edwards analizó el conjunto de fotos de los incidentes registrados en al menos un evento no informado a la población por la compañía cuya mayoría de acciones están en manos del Estado nacional. Las imágenes fueron proporcionadas por empleados y exempleados.

Luis Caputo, a cargo de Dioxitek desde el Ministerio de Economía, no se refiere a la grave situación.

Las excusas y ardides del gobierno para eludir su responsabilidad

Edwards refutó la explicación dada por Federico Ramos Nápoli —expresidente de Dioxitek y actual secretario de Asuntos Nucleares del Ministerio de Economía nacional— quien en una publicación en la red social X intentó minimizar el evento como una contingencia sin relevancia. El funcionario calificó la difusión del hecho por este diario como “fake news” y “operaciones mediáticas burdas que generan pánico indebido en la sociedad”, y afirmó que “no hubo ningún accidente radiológico en Dioxitek”.

En cambio, confirmó que “el material es efectivamente radiactivo”.

Antes de ser publicadas, La Voz comprobó las fuentes que proporcionaron el material y verificó que esas fotos no fueran imágenes editadas o manipuladas ni generadas por inteligencia artificial (IA), utilizando diversas herramientas, algunas de ellas muy sofisticadas de la propia IA.

En ese tuit, que pretendía refutar el informe, Ramos Nápoli confirmó dos cosas muy importantes: que esas fotos eran efectivamente de la planta de Dioxitek y que hubo una diseminación de AUC.

“La foto que se muestra, que por cierto es del año 2023, corresponde a un evento en la etapa inicial del proceso de conversión, el cual se encuentra dentro de los desvíos anticipados y esperables durante la operación de la planta. Este proceso ocurre dentro de áreas controladas y aisladas, bajo protocolos técnicos específicos y supervisión de seguridad radiológica e industrial tanto para la operación normal como para eventos anormales anticipados. En el caso de la foto, se observa polvo de tricarbonato de uranilo y amonio (AUC), el cual rutinariamente es aspirado para luego descontaminar el área”, publicó Ramos Nápoli.

Edwards consideró que “si los derrames no fueron accidentales, tienen que deberse a prácticas descuidadas que requieren ser corregidas”, y dio por hecho que “seguramente los derrames no fueron planeados deliberadamente”. Edwards marcó una corrección técnica sobre el nombre del compuesto, al que quitó las letras “tri”. Es carbonato de uranilo de amonio (AUC). “El uso del prefijo ‘tri’ es incorrecto, ya que sugiere tres f y eso no se encuentra en la literatura”, puntualizó.

Federico Ramos Nápoli, el inexperto Secretario de Asuntos Nucleares de Milei.

Derrame en plena gestión libertaria

Por otro lado, el año que refiere Ramos Nápoli no es la fecha de la que hablan los denunciantes, sino que las imágenes habrían sido captadas el 20 de junio de 2024, durante su gestión.

El caso liderado por el fiscal federal Maximiliano Hairabedian, quien días atrás allanó Dioxitek en busca de evidencia documental con autorización del juez federal Alejandro Sánchez Freytes, podría aclarar este punto.

Es un detalle importante para Ramos Nápoli, debido a su eventual responsabilidad funcional y en el ocultamiento del evento, pero lo más importante en el fondo del asunto es que esta admisión oficial deja como cuestiones incontrovertibles que hubo diseminación de AUC y que esto ocurrió en la planta de Dioxitek en Córdoba.

La “yellow cakge” que es foco de la denuncia en Dioxitek.

Material amarillo químicamente peligroso

Lo que importa ahora es determinar si esta diseminación fue o no radiactiva y tóxica y si debería haber sido reportada a la población, siguiendo la definición muy amplia de la Autoridad Regulatoria Nuclear sobre lo que constituye un accidente “no despreciable desde el punto de vista de la seguridad”. La empresa afirma que sí reportó el evento a la ARN, algo que podría trasladar la responsabilidad de esa comunicación pública a la autoridad nacional.

“El material amarillo que se muestra en las fotografías es un compuesto de uranio, correctamente identificado por el portavoz de Dioxitek como AUC.

Es carbonato de uranilo y amonio (donde la ‘U’ significa uranio) y, como tal, es tanto radiactivo como químicamente peligroso. Todos los compuestos de uranio son radiactivos. Y estos derrames son el resultado de una mala gestión y plantean riesgos para la salud de los trabajadores”, enfatizó Edwards.

Añadió: “Aunque un evento de criticidad (una reacción nuclear en cadena accidental) sería mucho más peligroso que los derrames de AUC, estos derrames deben ser evitados, ya que representan un riesgo para la salud. Además, si estos derrames son aspirados, las bolsas de la aspiradora, y quizá la propia aspiradora, se convierten en residuos radiactivos que deben ser almacenados como tales, aislados permanentemente del medio ambiente y no simplemente ser desechados en la basura común”.

Dioxitek se emplaza en plena área urbana de Córdoba, a pesar de los peligros que conlleva.

Impacto para la salud de los trabajadores y posibles riesgos

Edwards se detuvo en los posibles riesgos de este evento para la salud. “Los efectos sobre la salud no son inmediatos sino retardados, como resultado de una exposición interna crónica, e incluyen daño renal y cáncer”, remarcó.

Los representantes de los empleados de Dioxitek de diferentes sindicatos están más preocupados por obtener la prórroga de ocho años para seguir operando en la ciudad de Córdoba que por eventuales daños a la salud derivados de estos incidentes y otras deficientes condiciones de protección en un trabajo de alto riesgo.

Las denuncias publicadas por el medio La Voz fueron hechas con reserva de identidad por empleados y exempleados no sindicalizados, quienes no revelaron sus nombres y apellidos porque aseguran que existe una fuerte mordaza por parte de la empresa, que obliga a la firma de cláusulas de confidencialidad que no vencen ni siquiera tras un despido o la finalización de un contrato de locación de servicios.

La planta de Formosa de Dioxitek comenzó a construirse pero nunca se habilitó.

Negar, negar y negar, la estrategia libertaria mientras sigue el desmanejo en Dioxitek y se expone a los trabajadores

Ramos Nápoli escribió en su tuit que “no hubo ni hay ningún accidente radiológico en Dioxitek y que es una instalación de proceso químico industrial, no es una planta donde ocurra fisión nuclear, no genera residuos nucleares y sólo manipula uranio sin hipótesis de criticidad”.

Edwards replicó que “todos los compuestos de uranio son químicamente tóxicos, además de ser radiactivamente tóxicos si se inhalan, ingieren o se absorben de otro modo en el cuerpo”.

Es cierto que el material en descomposición no representa un peligro inmediato, pero cuando se ingiere, no se excreta fácilmente y parte de él puede permanecer en el cuerpo durante mucho tiempo, por lo que la exposición progresiva tiene un efecto acumulativo. Se trata de una exposición crónica que provoca problemas de salud posteriormente, no de inmediato. En ese sentido, se podría decir que no se trata de una emergencia radiológica, pero en mi opinión es un accidente radiológico y no debería permitirse que se repita. Alguien no está manipulando este material con el suficiente cuidado”, consideró.

“Y, por cierto –agregó Edwards–, cumplir con los límites reglamentarios de exposición a la radiación no significa que sea seguro”.

Gestionar el uso de materiales radiactivos

El experto recordó que la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) reconoce oficialmente que todas las exposiciones innecesarias a la radiactividad deben ser revertidas, que cualquier exposición a la radiactividad requiere una justificación explícita y que, a pesar de los estándares de exposición establecidos por el organismo regulador, todas las exposiciones inevitables deben mantenerse tan bajas como sea razonablemente posible, lo que se conoce con las siglas Alara. “En otras palabras, lo más por debajo posible de los límites regulatorios. Cero es un buen número”, enfatizó Edwards.

De manera didáctica, Edwards, quien también tiene una larga trayectoria académica y educativa como doctor en Matemáticas y Ciencias y profesor en Vanier College, en Montreal, lo amplió de esta manera: “El uranio pertenece a la clase de elementos radiactivos conocidos como emisores alfa, una categoría que incluye el radón, el radio, el polonio y el plutonio, que generalmente se encuentran entre los emisores internos más peligrosos de todos”, dice.

Y lo desglosa: “El radón es la causa número uno de cáncer de pulmón entre los no fumadores. El radio mató a cientos de personas en el siglo 20 que ingirieron cantidades muy pequeñas (microgramos) en el transcurso de su trabajo. El polonio se utilizó para asesinar al exagente de la KGB Alexandre Litvinenko y es responsable de un gran porcentaje de las muertes por tabaquismo (ya que el polonio-210 está en el tabaco). El plutonio es legendario como un material altamente peligroso que causa cáncer. Aunque el uranio es menos peligroso que cualquiera de los otros mencionados, sigue siendo un material muy peligroso, como todos los emisores alfa”, detalló.

Las imágenes presentadas junto con la denuncia de trabajadores de Dioxitek.

Efectos a largo plazo de quienes se exponen a materiales radiactivos

Los efectos sobre la salud de la exposición al uranio se ven a largo plazo. La planta de Dioxitek ha estado instalada durante 43 años –y junto a ella se depositaron 57.600 toneladas de residuos nucleares en el llamado “chichón”–, en un marco urbano densamente poblado, en la intersección de los barrios Alta Córdoba, villa El Nylon, Hipólito Yrigoyen y Marqués Anexo, en el norte de la ciudad de Córdoba. Y no existe ni un solo estudio epidemiológico o de impacto ambiental científico independiente, según publicó La Voz.

En otras palabras: no se sabe cuáles son los resultados del experimento a cielo abierto de una industria que durante cuatro décadas ha estado excretando aerosoles y residuos líquidos que contienen uranio, bajo los parámetros autorizados por la Comisión Nacional de Energía Atómica, que es su paraguas para evitar la acusación de contaminación.

“Gran parte del uranio será excretado, pero una parte se almacenará en el cuerpo por períodos de tiempo mucho más largos. El uranio es un metal pesado radiactivo que también es nefrotóxico; no sólo se aloja en los huesos, sino que se dirige preferentemente a los riñones y los daña a través de su toxicidad química. Al igual que todos los materiales radiactivos, el uranio es también un agente cancerígeno potencial”, señaló Edwards.

Negar y negar, pese a la evidencia, la estrategia del gobierno.

Qué es el dióxido de uranilo

El AUC también se conoce como “yellow cake”. Edwards dijo que “la expresión yellow cake generalmente se refiere a la mezcla de óxidos de uranio, predominantemente U3O8, que proviene de la molienda después de que el mineral ha sido extraído. Sin embargo, el carbonato de uranilo y amonio también es denominado a veces yellow cake”, explica.

Para entender qué lugar ocupa en el proceso de enriquecimiento de uranio, Edwards reconstruye la línea que va desde la extracción del mineral hasta el combustible nuclear:

El uranio es un metal pesado radiactivo que se encuentra en la naturaleza y es el elemento clave en toda la tecnología de fisión nuclear, tanto militar (armas) como civil (reactores). La radiactividad del mineral de uranio fue descubierta en 1896 por Henri Becquerel; en su honor, la unidad internacional de radiactividad es el “becquerel” (Bq), que corresponde a una desintegración atómica por segundo. Cada vez que un átomo de uranio se desintegra, emite una partícula alfa.

El uranio es una mezcla de tres isótopos: uranio-238, uranio-235 y uranio-234. El uranio natural (tal como se extrae de la tierra) está compuesto por 99,27% de U-238, 0,71% de U-235 y aproximadamente 0,005% de U-234.

El enriquecimiento de uranio es un proceso mediante el cual se aumentan significativamente las concentraciones de los isótopos más ligeros (U-234 y U-235). Esto hace que el uranio enriquecido sea significativamente más radiactivo que el uranio natural. La toxicidad química no se ve afectada por el enriquecimiento, pero la toxicidad radiológica aumenta de manera notable.

Para enriquecer el uranio, este debe ser convertido en gas mediante un compuesto altamente tóxico llamado hexafluoruro de uranio (UF6). Luego, ese compuesto debe reconvertirse en dióxido de uranio (UO2) para fabricar combustible para reactores nucleares.

La producción de AUC (el polvo amarillo de las fotos) es un paso intermedio en la conversión química del hexafluoruro de uranio enriquecido en dióxido de uranio (un polvo negro muy fino).

Finalmente, ese polvo se prensa en “pastillas de combustible” que se hornean en una forma cerámica altamente insoluble para ser utilizadas como combustible en un reactor nuclear.

Crece la denuncia por el accidente radiactivo en Dioxitek mientras Luis Caputo y Federico Ramos Nápoli viajan al exterior.

Quién es Gordon Edwards

Este doctor en Matemáticas y Ciencias canadiense es reconocido como un referente en seguridad nuclear en el mundo. Fue fuente experta en varias conferencias y hasta series documentales, como la que analizó el accidente nuclear en la planta de Fukushima, en Japón, en marzo de 2011. Dicha producción audiovisual fue emitida por la cadena CTV con el título The Fukushima Nuclear Crisis o La crisis nuclear de Fukushima.

Es consultor de impacto ambiental de grandes proyectos, en particular en su país, y con un fuerte compromiso con los pasivos generados en dos accidentes nucleares ocurridos en 1952 y en 1957 en los laboratorios de Chalk River, en Ontario, Canadá.

Estos son sus últimos trabajos:

2025: Contratado por la Nación Athebasca-Chipewayan: contaminación radiactiva y térmica.
2024: Contratado por la Nación Wabigoon: asesoramiento sobre la gestión de residuos de combustible nuclear usado.

  1. Contratado por la nación Kebaowek (algonquinos): asesoría técnica sobre la propuesta de instalación de tritio en los laboratorios de Chalk River.
  2. Contratado por la Comisión de Seguridad Nuclear de Canadá (CNSC): análisis del reactor de agua en ebullición de Darlington (BWRX-300).
  3. Contratado por el Comité de Salud de Port Hope: consultoría sobre la descontaminación radiactiva de la comunidad y la licencia de fabricación de combustible nuclear de Cameco.
  4. Contratado por la Asociación Canadiense de Derecho Ambiental (CELA): investigación sobre la construcción de viviendas en terrenos contaminados en Elliot Lake.
  5. Contratado por la nación originaria Passamaquoddy: evaluación de problemas de seguridad y gestión de desechos relacionados con el reactor Point Lepreau.
  6. Contratado por la Asociación Canadiense de Derecho Ambiental (CELA): análisis de problemas de salud vinculados a la fabricación de combustible de uranio.
  7. Contratado por ciudadanos del condado de Renfrew: informe sobre pasivos y responsabilidades radiactivas en los laboratorios de Chalk River.
  8. Nombrado por la Alianza por el Aire Limpio de Ontario: consultoría sobre gestión de desechos nucleares en la central nuclear de Pickering.
  9. Representante de ciudadanos del condado de Renfrew: evaluación de desechos nucleares históricos en los laboratorios de Chalk River.

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